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Consejos de alimentación durante la primera infancia

Los padres son los responsables de la alimentación, la nutrición y la salud de sus hijos hasta la edad adulta. Una mala alimentación durante la primera infancia (se define como el periodo que va del nacimiento hasta los ocho años de edad)¹, repercute en la adolescencia y la edad adulta. Los padres deben ser conscientes de esto, y tienen que estar bien informados acerca de cuáles son las mejores opciones para sus hijos; y más aún si padecen algún tipo de trastorno.

Se ha visto que los niños que son obesos a los nueve o veinticuatro meses, tienen tres veces más probabilidad de mantener este sobrepeso a la edad de cuatro años, en comparación con niños no obesos durante los dos primeros años de vida.²

Es muy importante que los padres implementen prácticas de alimentación sanas desde la primera infancia en sus hijos. Los padres son parte integral del proceso que ayuda a los niños a aceptar sabores y alimentos. Por ejemplo: si a partir de que se inicie con las papillas, se les ofrecen preparados muy dulces, será difícil que posteriormente acepten otras papillas naturales y menos dulces; lo mismo sucede si se le adiciona sal a las papillas de verdura o carne. Los bebes deben aprender a degustar el sabor natural de los alimentos desde su primer acercamiento con éstos. Por otro lado, es importante también que se les hidrate con agua especial para bebés o  bi-destilada, además de la leche, ya que si en un inicio se les ofrecen jugos muy dulces, después ya no aceptarán el agua.

Este proceso influye en qué, cuánto, y cómo los niños aprenden a comer. Por ejemplo, una vez que ya han experimentado una amplia variedad de alimentos, y de acuerdo a su desarrollo, se debe permitir que el niño trate de alimentarse por sí mismo, que aprenda a utilizar los cubiertos, y tome agua con un vaso entrenador. Esto ayuda a promover la autorregulación de la comida. Los padres pueden determinar qué alimentos son ofrecidos, mientras que el niño puede determinar por sí mismo cuánto alimento consume de acuerdo con su apetito.

Por ejemplo, cuando los padres cesan el alimento al momento que muestran señales de saciedad, los lactantes aprenden que sus señales de comunicación de saciedad están siendo “escuchadas” y que lo padres responden a estas muestras de regulación de ingesta. Sin embargo, presionar al  bebé a que se termine todo el biberón no solo aumenta su ingesta energética, sino hace que el lactante pierda control de su ciclo de hambre y saciedad, con efectos negativos a largo plazo. Lo mismo sucede cuando se presiona al niño pequeño a que se termine todo el plato de comida.

Otras prácticas inapropiadas de los padres son cuando el alimento se utiliza para calmar a un bebé cansado o irritado, cuando se tiene poco interés en las respuestas que se le dan al bebé o se tenga una indulgencia excesiva en todo lo que el lactante desea. Hay que tomar en cuenta que es mucho más fácil establecer patrones apropiados que intentar cambiarlos después, y no hay etapa más plástica en la vida para hacer esto que los primeros dos años.

Finalmente es muy importante estar en contacto constante con un pediatra bien capacitado en los aspectos nutricionales, o si es posible, con un nutriólogo pediatra.

1 Noticias UNESCO Atención y Educación de la Primera Infancia Consultado 23 diciembre 2016 en http://www.unesco.org/new/es/education/themes/strengthening-education-systems/early-childhood/

2 Moss BG, Yeaton WH. U.S. children’s preschool weight status trajectories: patterns from 9-month, 2-year, and 4-year Early Childhood Longitudinal Study-Birth cohort data. Am J Health Promot. 2012;26(3):172-5 Consultado 23 diciembre 2016 en http://scielo.sld.cu/pdf/amc/v20n4/amc050416.pdf

3 Saavedra JM, Dattilo AM. Factores alimentarios y dietéticos asociados a la obesidad infantil: recomendaciones para su prevención antes de los dos años de vida. Rev. Peru Med. Exp. Salud Publica. 2012; 29(3):379-85.

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